L’ajuda i el desbloqueig continuen en compàs d’espera a Tigray

Ángel Olaran, com a continuació de l’anterior publicació ‘esperant el primer camió amb ajuda humanitària’, comenta que l’ajuda i el desbloqueig continuen en compàs d’espera a Tigray. Però una mica més esperançat perquè “corre la grata notícia que a Mekele han arribat uns 10 d’aquests camions, encara que s’esperava que haguessin estat ja més de 4.000, fins i tot més”, i li consta que s’ha obert la via de vols des de l’aeroport de Shire perquè arribi ajuda humanitària a Tigray.

Mentre segueix el compàs d’espera, exclama que “mai em vaig poder imaginar –només ho sabia de llegides– que, a hores d’ara: on se’ns omple de boca de vocables tan preuats com: som una família; si un nen mor de fam mor tota la humanitat; llibertat, democràcia. . . , tot bloquejat de manera nacionalment egoista en buides constitucions”.

Escrit per Ángel Olaran

O sea, por buen camino –esperando a que el director coja la batuta y dé la orden de continuar–. La orden se hace esperar: lo bueno es que los componentes de la orquesta están atentos al menor movimiento para hacer que las cosas rueden.

Lo cual nos engancha a la anterior “urbi et orbi”, en la que comunicábamos que seguíamos a la espera del primer camión humanitario, sobre la que corre la grata noticia de que a Makelle han llegado unos 10 de esos camiones, aunque se esperaba que hubieran sido ya más 4.000, incluso muchos más.

Siempre amanecemos con el grato rumor de que hay muchos, muchos camiones dirigiéndose al mencionado destino.

Nos agarramos a que, el buen director, tiene bajo su única batuta varias decenas, sino cientos, de orquestas. Se oye que, él mismo ha comunicado que a Shire, sede de uno de los aeropuertos del Tigray, donde el ejército federal controla, perdón, organiza los vuelos de entrada y salida, dada la seguridad que ello le ofrece, haya ya vía abierta para que la ayuda humanitaria esté llegando al Tigray liberado.

Pero esto tiene que ser solo un bulo, dado que, desde la firma del 2 de noviembre en África del Sur, Tigray es parte de Etiopía –no se trata ya de una organización terrorista–. Por otra parte, en nuestro caso se trata de carretera, dado que lo demás haría falta una flota extraordinaria de aviones.

Y cada camión tiene que transportar la suficiente cantidad de combustible, para asegurar que la ayuda llega a todos los pueblos de la región. Demasiados instrumentos para una sola batuta, de ahí esos desfases –nada que ver con mala voluntad–. Ni de crear envidias ni malestar entre la población cuyos aeropuertos al no estar bajo el ejército federal, no reciben la ayuda.

Se oye hablar de que entre ayer y hoy eran de marcar las sucesivas fechas para la apertura de bancos y fronteras regionales, envío de medicinas, acceso al combustible, medicinas, acceso a los sueldos. O sea, vida normal. Que se nos abra un horizonte más de allá del “pan nuestro de cada día“.

Nunca me pude imaginar –solo lo sabía de leídas– que, a estas alturas: donde se nos llena de boca de vocablos tan preciados como: somos una familia; si un niño  muere de hambre muere toda la humanidad; libertad, democracia. . . , todo bloqueado de manera nacionalmente egoísta en vacías constituciones: hay tantas lecturas de un artículo cuantos partidos políticos la interpretan, a lo que se añade las acusaciones a gobiernos extranjeros de mezclarse en el referéndum inglés, en las pasadas elecciones presidenciales de Norteamérica, con el comodín del “fake news” noticias falsas. . .  todo esto bajo la autoridad auto concedida de las 5 naciones del Consejo de Seguridad de la ONU –contradicción en términos: su zarpazo ha llegado a Tigray–, sintiendo en “nuestras carnes” –nunca mejor dicho– la inoperatividad de las instituciones madre.

Y por razones tan sin razón, nimias, se cierre a millones de personas el acceso a ese “pan de cada día”. Y en muchos casos se le robe al pobre ese pan de cada día rechazando derechos tan elementales como la SOBERANÍA ALIMENTARIA –haciendo que ese pan que el pobre se lo ha ganado acabe en el cubo de basura de familias súper alimentadas–, conllevando la muerte diaria de unas 150.000 personas –cifras barajadas por el Secretario General de la ONU, instituciones como FAO, iglesias cristianas y otras–. Para consolar a esos pobres condenados a esa agonía lenta, inhumana, les queda la honra de que otros pobres, en esos cubos de basura, tendrán acceso a su “pan de cada día”, ganando su pobre partida a los potentados que se oponen a dicha SOBERANÍA.

Las cinco súper naciones con derecho a veto se apoyan en poderes económicos y militares, buscando se propia seguridad, no la del que pide justicia. Nunca recurren a los sabios, las sabias hijas e hijos de la Sabiduría de la cultura humana, apartidistas, sin estar atados por afiliación política o religiosa alguna.

Contrastes que ya no contrastan: Qatar – sequía de Somalia. Y esto no tiene que ver con las súper potencias; es ya cultural, asimilado por los de a pie.

Un fuerte abrazo,

Ángel

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