Tigray vuelve a afrontar una grave escalada de violencia

La reanudación de los combates en el norte de Etiopía nos preocupa profundamente, puesto que Tigray vuelve a afrontar una grave escalada de violencia. Desde la Fundació CIS Ángel Olaran seguimos con especial atención la situación de Wukro, en la región de Tigray, donde apoyamos desde hace años a niños y niñas, familias y personas mayores en situación de vulnerabilidad. En estos momentos, las dificultades para comunicarse con la región hacen especialmente difícil conocer qué está ocurriendo en cada localidad.

Una población que aún se recupera de la guerra

Entre 2020 y 2022, la guerra en el norte de Etiopía causó un enorme sufrimiento, desplazamientos y graves interrupciones en el acceso a alimentos, atención sanitaria y servicios básicos. El 2 de noviembre de 2022, el Gobierno etíope y el Frente Popular de Liberación de Tigray (TPLF) firmaron en Pretoria, con la mediación de la Unión Africana, un acuerdo de cese permanente de las hostilidades.

El acuerdo abrió el camino para ampliar la asistencia humanitaria y restablecer servicios esenciales. Sin embargo, sus consecuencias no habían desaparecido: muchas personas continuaban desplazadas y numerosas familias seguían afrontando dificultades para reconstruir sus vidas.

¿Qué está ocurriendo ahora?

Desde el 22 de septiembre se han registrado nuevos enfrentamientos entre el ejército federal etíope y fuerzas vinculadas al TPLF en Tigray y las regiones vecinas de Amhara y Afar. Ambas partes ofrecen versiones diferentes sobre el inicio de las hostilidades. También se han suspendido los vuelos a los aeropuertos de Mekelle, Axum y Shire.

A partir del 24 de septiembre se interrumpieron las comunicaciones telefónicas y de internet en gran parte de Tigray. Reuters comprobó el día 25 que no conseguía conectar con números de Ethio telecom en la región, mientras que algunos usuarios de Safaricom mantenían una conexión limitada. El medio recogió versiones contrapuestas sobre quién ordenó el corte. Por ahora no disponemos de una confirmación independiente de su casusa ni de que los servicios se hayan restablecido con normalidad.

Medios locales han recogido, además, dificultades para utilizar determinados servicios bancarios y transferencias. Esto afecta al acceso al dinero, pero la información disponible no permite afirmar que todos los bancos de Tigray han cerrado.

Para las familias, estas interrupciones pueden significar no poder hablar con sus seres queridos o tener dificultades para cubrir necesidades cotidianas. Para las organizaciones humanitarias, complican la coordinación y la recepción de información fiable.

La ayuda humanitaria debe estar protegida

Una colaboradora de la Fundación nos ha remitido un comunicado de la Comisión de Gestión del Riesgo de Desastres de Tigray (TDRMC) en el que se denuncia un ataque con drones, ocurrido presuntamente el 20 de septiembre, contra un camión que transportaba alimentos para personas desplazadas en la zona de Sheraro. El comunicado informa de personas heridas y de la destrucción de la ayuda, pero no identifica a los responsables del ataque. La protección de los equipos humanitarios, los suministros y la población civil debe ser una prioridad.

Declaración sobre el devastador ataque con drones contra un camión de ayuda humanitaria y la obstaculización de la asistencia, 20 de septiembre de 2026:

“La Comissió de Gestió del Risc de Desastres de Tigray (TDRMC) expressa la seva profunda preocupació pel presumpte atac amb drons del 20 de setembre de 2026 contra un camió de transport del Secretariat Catòlic Diocesà d’Adigrat (ADCS). El vehicle transportava ajuda alimentària humanitària amb el suport de Catholic Relief Services (CRS) i del Govern dels Estats Units. Segons la info

“La Comisión de Gestión del Riesgo de Desastres de Tigray (TDRMC) expresa su profunda preocupación por el presunto ataque con drones del 20 de septiembre de 2026 contra un camión de transporte del Secretariado Católico Diocesano de Adigrat (ADCS). El vehículo transportaba ayuda alimentaria humanitaria respaldada por Catholic Relief Services (CRS) y el Gobierno de Estados Unidos. Según la información recibida, el incidente ocurrió en la aldea de Swudey, kebele de Hibret, entre Adi-Dero y Adi-Nebried, en la zona noroccidental de Tigray.

El ataque causó graves daños materiales y dejó personas heridas. Los alimentos destruidos estaban destinados a ayudar a sobrevivir a personas desplazadas especialmente vulnerables de la localidad de Sheraro, que no disponen de alternativas viables para cubrir sus necesidades básicas.

Los ataques con drones en Tigray no son nuevos. Los repetidos ataques aéreos y con drones han supuesto graves dificultades y riesgos de seguridad para las operaciones humanitarias, y han obstaculizado los esfuerzos cotidianos para mitigar los efectos de la sequía provocada por El Niño y llevar a cabo otras actividades relacionadas en toda la región. Estos ataques han causado graves daños, destrucción generalizada y la trágica pérdida de vidas civiles y bienes.

La Comisión condena enérgicamente cualquier ataque que ponga en peligro al personal humanitario, los bienes destinados a la ayuda, la población civil o los suministros esenciales para salvar vidas en este momento crítico. Las operaciones humanitarias deben estar protegidas y su personal debe poder trabajar con seguridad, imparcialidad y sin interferencias.

Esta tragedia se produce cuando Tigray afronta varias crisis simultáneas: las consecuencias de la guerra, desplazamientos generalizados que afectan a millones de personas, alteraciones económicas, restricciones en el acceso al combustible y al dinero en efectivo, y graves limitaciones de los servicios esenciales. A ello se suma una sequía vinculada al fenómeno de El Niño, que ha afectado gravemente a más de 37 woredas y 308 kebeles. Sus efectos sobre la seguridad alimentaria, la agricultura, el agua, la salud, la nutrición, la protección social y los medios de vida han generado una necesidad urgente de respuestas de emergencia en diversos sectores.

El ataque contra camiones que transportan ayuda alimentaria humanitaria puede agravar el sufrimiento, perjudicar las operaciones de socorro y debilitar la confianza y la seguridad de las organizaciones humanitarias. En este momento crítico, la solidaridad y la responsabilidad colectiva son esenciales.

La Comisión de Gestión del Riesgo de Desastres de Tigray hace un llamamiento a las organizaciones humanitarias, las autoridades gubernamentales, los donantes, las organizaciones internacionales y la población de Tigray para:

  • -Condenar los ataques contra las operaciones humanitarias.
  • -Garantizar la protección del personal, los bienes y suministros humanitarios y la población civil.
  • -Asegurar la entrega ininterrumpida de asistencia vital a las comunidades vulnerables que la necesitan urgentemente en toda la región.

Instamos a los actores humanitarios a que no permitan que este incidente debilite su compromiso con los principios humanitarios ni les impida llegar a quienes necesitan ayuda urgente. Aunque la protección y la seguridad siguen siendo prioritarias, las comunidades deben continuar recibiendo apoyo para sobrevivir y recuperarse.

La población de Tigray afronta enormes dificultades humanitarias. Ahora más que nunca, la humanidad, la imparcialidad y la solidaridad deben guiar la acción colectiva. En nombre del Gobierno y del pueblo de Tigray, la Comisión expresa su agradecimiento a todas las organizaciones humanitarias que continúan apoyando a las comunidades vulnerables en circunstancias extremadamente difíciles.”

UMD Media también recoge una declaración de la diócesi católica de Adigrat y de su secretariado humanitario sobre el mismo incidente. Ambas instituciones describen la destrucción de ayuda alimentaria, pero sus declaraciones no identifican a quien operaba el dron. Por ello, atribuimos el relato a sus emisores y no presentamos como establecida la responsabilidad del ataque.

Declaraciones de la Unión Europea

La protección de la población civil, del personal humanitario y de los suministros de ayuda debe ser una prioridad. En su declaración del 23 de septiembre, la Unión Europea pidió una desescalada inmediata, el retorno al diálogo y el respeto al derecho internacional humanitario, incluida la protección de los civiles y de las operaciones humanitarias. También condenó los ataques que afectan a convoyes humanitarios y las restricciones al acceso de la ayuda.

En una nueva comunicación publicada el 28 de septiembre, la Comisión Europea reiteró su preocupación por el deterioro de la situación en el norte de Etiopía y reclamó la protección de la población civil y un acceso humanitario sin obstáculos. Anunció 18 millones de euros adicionales para atender necesidades humanitarias en Etiopía, con los que la ayuda de la UE al país alcanzaría 61 millones de euros en 2026. La financiación total anunciada está sujeta a la aprobación de la autoridad presupuestaria.

La Unión Africana

La Unió Africana también ha instado a las partes detener las acciones que puedan agravar la situación y a reanudar las conversaciones en el marco del acuerdo de Pretoria.

Seguimos al lado de Wukro

Nuestra preocupación está puesta en las personas: los niños y niñas, las familias, las personas mayores y quienes ya afrontaban la pobreza, el desplazamiento o la falta de alimentos antes de esta nueva escalada.

Esta crisis no debilita nuestro compromiso humanitario. Desde la Fundació CIS Ángel Olaran queremos seguir colaborando con las personas y organizaciones locales para acompañar a quienes se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad y contribuir a que las comunidades puedan sobrevivir y recuperarse. Nos guían la humanidad y la atención a las necesidades de cada persona, sin distinciones.

La protección de las personas a las que apoyamos y de quienes prestan ayuda es prioritaria. Seguiremos intentando mantener el contacto con nuestros colaboradores y adaptaremos nuestra labor a las condiciones de seguridad, acceso y comunicación. Compartiremos información sobre Wukro cuando podamos contrastarla.

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La voz de Ángel Olaran: un llamamiento a evitar otra guerra

En septiembre de 2025, Ángel Olaran compartió su preocupación por las dificultades que seguían viviendo las familias de Tigray tras el Acuerdo de Pretoria y por el riesgo de que las divisiones políticas desembocaran en nuevos enfrentamientos. Sus palabras cobran especial sentido ante la situación actual: proteger a la población y apostar por el diálogo sigue siendo urgente.

Puedes leer su testimonio en «Espero que digamos nunca más a una guerra entre hermanos».

Para entender la situación previa en Tigray

En nuestra publicación de septiembre de 2025, «Tigray lucha por reconstruir su futuro en paz», recogimos las dificultades que seguían afrontando las familias tras la guerra: desplazamiento, falta de alimentos y medicinas, escasas oportunidades para los jóvenes e incertidumbre sobre la aplicación del Acuerdo de Pretoria. Aquel artículo ayuda a entender por qué la actual escalada resulta especialmente preocupante para una población que aún trataba de recuperarse.

Con la colaboración de

Diputació de Lleida