Angel Olaran es Abba Melaku

Angel Olaran es Abba Melaku en Etiopía

Es el ‘ángel de la guarda’ de los huérfanos de Wukro. Angel Olaran es Abba Melaku en Etiopía. Así le llaman y significa ‘padre ángel’. Toda una vida dedicada a la cooperación en el África. De Tanzania a Etiopía, donde ha transformado la zona desértica del Tigray en un lugar habitable. La Misión que creó en Wukro se ha convertido en toda una referencia. Angel Olaran ayuda a Etiopía con proyectos como protección de los huérfanos y personas vulnerables de Wukro. Ha velado por miles de personas necesitadas, vulnerables y les ha ayudado a ‘VIVIR’. Se ha ganado la admiración y la estima de todo el mundo. Por esto, explicamos aquí quien es, sus hechos y su labor. Mientras desde el CIS Angel Olaran seguimos, junto con otras ONGs y asociaciones, dándole apoyo.

¿Quién es Angel Olaran?

Angel Olaran Esnal (Hernani, Guipúzcoa, 17 de mayo de 1938), quinto de seis hijos de una familia muy católica. Su hermana mayor, María Rosa, se hizo monja siguiendo los pasos de una tía materna, Carmelita Descalza. Y de una tatarabuela que entró junto a una de sus hijas en un convento de las Agustinas. Pertenece a una institución eclesiástica y sirve a la orden católica de los Misioneros de África (Padres Blancos). Desde hace más de 45 años empuja la rueda del desarrollo de África.

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Es un hombre íntegro que ha escogido un mundo duro y que habla lentamente con las palabras justas, sencillas. Pero ejerce de motor de un gran cambio en uno de los lugares más pobres del mundo. Es consciente de que la vida es corta, pero los cambios y las mejoras necesitan tiempo. Y después de trabajar en el continente africano ha aprendido que no se consiguen a contra reloj.

Tiene una gran vocación de entrega a la atracción fatal que siempre ha sentido por aquella zona del mundo. Primero fue en Tanzania durante 20 años. Trabajó en ese país desde 1970, con la tribu de los Wanyamwezi, los Hijos de la Luna. En 1991 hizo un curso de islamología y le propusieron ir a Etiopía. Dónde desde entonces ha intentado fundirse con la tierra para ganar el combate por la vida de los miles de huérfanos que ha ayudado.

Los principios y los objetivos siguen intactos con el tiempo gracias a toda su energía y empeño. Buena parte de éxito de las iniciativas emprendidas por Olaran se basan en no quedarse en la mera caridad sino en organizar a la gente para que se defienda a sí misma. Dejar que surjan sentimientos humanos de igualdad, justicia y fraternidad.

La motivación para hacerse misionero

Recuerda que a los veinte años tuvo “una experiencia personal de Dios. Cuestión de segundos o tal vez minutos, no sabría decirlo. Pero tocar lo intocable fue una de las experiencias más fuertes de mi vida y me marcó“. También porque “supongo que el haber visto jóvenes que se iban como voluntarios a misiones. La primera idea fue la de colaborar en algún proyecto durante 2 o 3 años. Después entré en contacto con un grupo de misioneros que trabajaban exclusivamente en África y fue madurando la idea de ser sacerdote y de por vida. Y aún estoy ahí, llevo casi 45 años y ahí me quedaré”. Tiene muy claro que “África siempre me ha inspirado respeto y admiración, y me ha ayudado a descubrir lo que soy”. 

Angel Olaran es el ‘ángel de la guarda’

La labor que realiza es la de un ‘ángel de la guarda’. Vela porque niños huérfanos,  jóvenes sin recursos, madres indigentes, familias malnutridas y desamparadas tengan una vida digna en contra de todas las impertinencias. Desgraciadamente en muchas ocasiones se impone el destino como el hambre, la sequía, la sida o la tuberculosis. Un destino que empeora a medida en que desciende su posición en el mapa hasta llegar a situaciones de extrema pobreza. Darles un futuro por el cual luchar y acercarles a la calidad de vida. Ayudarles a “VIVIR”. 

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El sueño de Abba Melaku (padre ángel) era acabar con el hambre en Wukro y dedicar sus esfuerzos al aumento de la seguridad alimentaria, un problema general en Etiopía. Muy claro siempre en sus afirmaciones: “El derecho a comer no se puede negociar. El Primer Mundo está estrujándonos”.

Remontándonos a los orígenes: Construcción de la Misión Saint Mary y la Escuela de Agricultura

Llega a Mekelle, región del Tigray, norte de Etiopía, en el año 1991 junto con otro Padre Blanco, José Luis Bandrés. En el terreno de Wukro había solo un árbol y hoy al otro lado de la calle están los huertos de la Escuela de Agricultura.

Llegó a Etiopía en el año 1991 con el mandato de la creación de una escuela de secundaria. En aquel año una cantidad de guerrillas opositoras derrotaron al gobierno militar-estalinista y terminó la guerra. Al cabo de unos años, junto con otro padre blanco, José Luis Bandrés, construyeron y pusieron en marcha la Misión Saint Mary. La Misión se ha convertido en el alma de su labor. En aquél entonces, en la región del Tigray había sólo ocho escuelas secundarias y en aquellos momentos no había en Wukro ninguna organización de tipo social.

Ayudas externas

Construyeron la Misión y la Escuela de Agricultura con el dinero de la ONG alemana Misereor y de Manos Unidas en las afueras de Wukro. Se edificó en una extensión de tierra de unas 8 hectáreas de yermo que el nuevo gobierno ofreció al obispado católico. El régimen militar-estalinista nacionalizó todo el suelo del país, y el régimen actual lo ha mantenido así. En el terreno había un sólo árbol y hoy la Misión es un conjunto de habitaciones dispersas entre árboles, paseos, parterres, arbustos, etc. Y al otro lado de la calle están los huertos de la Escuela de Agricultura.

Ángel Olaran recuerda que “cuando llegué en 1991 a Mekelle, la capital de Tigray, en el aeropuerto había un contenedor, una mesa, una silla y el peso, para pesar el equipaje y un señor que se llevó las maletas. No había nada más. En Mekelle hace 25 años, no había ni un autobús, ni un coche. Por no haber, no había ni asfalto, solo había una calle asfaltada, la principal. No tenían ni 4 kilómetros de asfalto, muy poco”.

Sólo había un árbol

No olvida que “hacia el año 1985, la población local pidió al obispo que abriera una escuela secundaria. Empezamos a finales de 1993 y en 1995 dimos las primeras clases. En el primer curso, las chicas que asistían a la clase en la escuela secundaria eran un 15%. Y ahora hay escuelas de secundaria en las que las mujeres son más de la mitad. Donde nosotros hemos construido la escuela es un lugar de 8 hectáreas en el que solamente había 1 árbol”.

Sobre el árbol, comenta que “era una acacia y los lugareños la llamaban ‘el espino del Derg’ haciendo un paralelismo entre las propiedades invasoras de la acacia. Ésta no dejaba brotar ninguna otra vegetación a su alrededor destruyendo el campo. Y el régimen comunista del Derg que destruía los pocos servicios públicos que había. Luego había mala hierba, que ni las cabras la comían. En Wukro había 2 escuelas primarias y una secundaria”.

Niños sin escolarización

El misionero vasco explica que “la mayoría de niños no iban a la escuela, y en la secundaria entraban muy pocos jóvenes. Había niños por todas las esquinas. Por todo, la educación estaba abandonada. Hace 25 años en todo el país debía haber 3 universidades; ahora ya hay más de 35. En Wukro, la escuela de secundaria era la de toda la zona, y en los pueblitos apenas había escuelas primarias. En 1991, acabó la guerra y empezaron a reorganizar el país. Empezaron casi de cero. No había una bici, ni motos, ni coches, ni el gobierno tenía coches. Las casas no tenían ventanas y sus techos eran de uralita. En Wukro nosotros solo teníamos un coche en la escuela que lo utilizábamos de ambulancia y de todo”.

A partir del año 2000 se cambia de escuela secundaria a profesional

“En el año 2000, cambiamos de secundaria a educación profesional porque con la paz el gobierno no construyó más escuelas y los privados empezaron a hacer escuelas de secundaria. Y este año acuden 750 alumnos, de los cuales 350 lo hacen en clases diurnas y el resto en las nocturnas. Poco a poco la gente con la paz también empezó a organizarse. En educación, el gobierno empezó a formar profesores porque crearon una universidad de educación y empezaron a formarlos. Ahora hay un sistema bien establecido. Por ejemplo, en Wukro hay 3 escuelas secundarias y 2 escuelas politécnicas, donde se imparten 10 o 12 especialidades. También hay 6 escuelas primarias (de los 7 a los 15 años) y escuelas de jardín de infancia. Yo diría que la población de Wukro tiene el 100% de acceso a la educación infantil. La educación está sólidamente establecida en Wukro”.

Los problemas que se encontró a su llegada venían de tantos frentes que la situación era dramática

La Misión resultó un complejo amplio y magnífico. Pero los problemas venían de muchos frentes: los casi treinta años de guerra, la epidemia de sida, que antes de los retrovirales mataba a 13.000 etíopes al año, y la gran hambruna de 1984, sólo 7 años antes, habían destrozado el tejido familiar de la sociedad. Mujeres con hijos, abandonadas por soldados o por los maridos (emigrados a la capital, a Sudán o a Arabia en busca de trabajo y, de paso, olvidándose de la familia). También niños expulsados de Eritrea por ser hijos de padre o madre etíopes que llegaron a pie cruzando las montañas. Además, del alto porcentaje de natalidad natural en el país (más de siete hijos por mujer). O simplemente la desmoralización general, que convirtió en habitual que los hombres cambiasen fácilmente a la mujer cargada de hijos por otra más joven…

Todo eso dejó como secuela una cantidad inmensa de niños sin padre, o sin padre ni madre, y, no hace falta decirlo, desnutridos y, a menudo, enfermos. Lo peor, del paisaje ‘desolador’ de cuando llegó a Etiopía era esta “severa” malnutrición que sufría la población, sobre todo infantil: “Había niños que no podían ni sostener la cabeza, rechazaban la comida y no tenían ni fuerza para llorar. La situación era dramática”.

Pronto, los padres blancos se encontraron con niños que no tenían adónde ir. La opción parecía clara: construir, además de la escuela y la Misión, un orfanato.

Ángel será el ‘ángel de la guarda’ de los huérfanos de Wukro

Aunque la opción de construir un orfanato parecía clara, un hecho lo cambió todo. Un hecho cambió el planteamiento. Fue cuando 5 hermanos sin padre perdieron también a su madre, un grupo de vecinos acudieron a la Misión diciendo que, si económicamente les fuese posible, ellos los protegerían y cuidarían. El ofrecimiento se repitió varias veces por parte de vecinos de niños huérfanos. De aquí salió la feliz idea de apoyar económicamente a estos vecinos para que pudiesen hacerse responsables de aquellos niños. La solución muy preferible a la de un orfanato. Algunos de estos niños empezaron a llamar <<padre>> y <<madre>> a sus protectores incluso después de haberse mudado a otra casa; otros fueron realmente adoptados por las familias como hijos propios.

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La gran apuesta por este sistema consistía en que los hermanos seguían unidos, formando una familia, y que el mayor o la mayor (que podía tener 10 o 12 años) adquirían la responsabilidad de actuar como padre o madre de los más pequeños: administrar el dinero, poner orden a sus vidas… Funcionó (y todavía funciona) estupendamente, y supuso una gran alegría. Un grupo de mujeres se encargan de vigilar semanalmente a estas familias.

Todos ellos forman una <<familia de familias>> y Ángel ejerciendo de padre –o, ahora, de abuelo- de centenares de niños.

Todo cambia con su llegada

Angel Olaran es Abba Melaku y es el ‘ángel de la guarda de los huérfanos de Wukro’, puesto que desde su llegada su lucha diaria ha sido que “estos niños huérfanos que se han puesto en nuestras manos tengan los derechos básicos hasta que sean mayores y puedan valerse por sí mismos. Procuramos que tengan lo más básico cubierto como son la comida, la salud, la educación, el vestido, el techo… Son huérfanos porque sus padres han muerto de sida o han muerto en las guerras”.

Recuerda que “comenzamos a conocer familias que se encargaban de niños cuyos padres habían muerto. Podían estar pendientes de ellos y cuidarlos si estaban enfermos, pero desde el punto de vista económico no tenían dinero para mantenerlos. Así es como empezaron a acudir a nosotros. Algunos cuentan con sus abuelas o tías, pero otros no tienen a nadie y viven solos. Normalmente, los chicos de 14 años son los mayores de la familia, pero tienen el apoyo del vecindario”. Si continuaban en sus casas de siempre con la ayuda de sus vecinos estarían más integrados en la sociedad. Por esto, decidieron no ingresarlos en un orfanato. Así surgió la idea de crear un sistema revolucionario de tutela y protección infantil.

Cada anochecer, después de cenar y cuando ya ha oscurecido, Ángel sale con una linterna a visitar a algunas de las familias de <<sus>> huérfanos. Se sucede día sí, día también.

La educación es su principal preocupación

Cree ciegamente en la calidad humana y su principal preocupación es la educación como una herramienta fundamental para ofrecer oportunidades a los jóvenes. Afectuoso y riguroso a la vez, aspira a crear una nueva generación responsable tanto en sus vidas personales y familiares como en lo laboral. “Una buena educación es lo mejor que les podemos ofrecer”, explica.

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La enseñanza es fundamental y la mayoría de los niños van a la escuela, excepto algunos de ellos que la situación familiar se lo impide porque tienen que cuidar de hermanos pequeños o tienen que trabajar. Este no es el caso de los huérfanos de Ángel. A la salida de sus clases de primaria obligatoria o secundaria (van al instituto), en lugar de ir a hacer los deberes a casa van a hacerlos a la Misión. Son huérfanos entre 6 y 14 años que <<sin vigilancia>> y sin que nadie les fuerce a nada realizan los deberes. Los de secundaria hacen de hermanos mayores. Y los viernes, Ángel los reúne a todos y les pide que les enseñen las libretas y les hace decir cómo han ido las notas de la semana.

Creación de la Oficina de Servicios Sociales (Wukro Social Development Program)

El número de familias de niños huérfanos fue creciendo rápidamente, y ya era imposible para Ángel estar atento a todos ellos, que llegaron a ser hasta más de dos mil, además de todo lo que suponía alquileres, ayudas económicas, atención a los recién nacidos, a los enfermos, a los ancianos, etc., por lo que pasó la administración del sistema al Wukro Social Development Program (Oficina de Servicios Sociales), que atiende a los huérfanos y les da lo necesario. Además, también se ocupan de ayudar como pueden a otros colectivos también muy necesitados y lo hacen de acuerdo con el ayuntamiento (Werera).

La Oficina de Servicios Sociales (WSDP) se encarga también de otras actividades. Quizás la más significativa sean las clases de repaso los sábados por la mañana en el edificio del instituto, y paga a los profesores para hacer el repaso con todos los huérfanos que tienen obligatoria la asistencia.

Clases de refuerzo Wukro

La Oficina de Servicios Sociales (WSDP) funciona, sobre todo, gracias a las ayudas de las ONGS, la mayoría de las cuales van destinadas a los huérfanos.

El Padre Ángel Olaran ha sido decisivo y el artífice de la solución de vida en Wukro

La transformación de la zona

Ha transformado la zona desértica del Tigray en un lugar habitable, verde, con agua y con estructuras sociales para una de las poblaciones más castigadas. Y además, consigue con presupuesto mínimo, una escuela con grandes resultados.

La escuela secundaria que construyeron e inauguraron los padres blancos tenía diversas ramas: bachillerato, agricultura, comercio. Pronto les debió resultar evidente que lo que el Tigray necesitaba priorizar urgentemente, como cuestión de vida o muerte, era la <<resurrección>> de su agricultura.

La desforestación de los bosques tropicales había provocado las sequías y las consiguientes terribles hambrunas. Las guerras y la necesidad de leña para hervir el agua no potable o para cocinar acabaron dejando el paisaje desnudo como un esqueleto. Difícil de recuperar, porque las lluvias de verano se llevan la poca tierra que queda entre las rocas.

Recogiendo los frutos de su creación

La Escuela de Agricultura es una escuela universitaria con colaboración permanente con la administración local, abierta a las realidades y a las necesidades de los dos o tres mil campesinos de la región. Con cursillos y dossiers les ayudase en la mejora de las tareas del campo (los huertos, los campos de cultivo, los árboles frutales, la cría de ganado… hasta su comercialización). Con el tiempo se ha convertido en un referente en aquella región etíope. La corresponsabilidad del grupo es esencial para garantizar las primeras necesidades, puesto que el vínculo con la tierra y el conocimiento de la agricultura son lo que asegura la supervivencia.

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Los magníficos huertos se han convertido en modelo experimental a imitar y se encuentran al otro lado de la calle de la Misión. Por tanto, los cambios también han sido ambientales en la zona del Tigray. El tejido social se fue compactando y extendiendo hasta llegar a crear estos huertos innovadores, impulsados por medidas de reforestación, o de acuerdo con los Servicios Sociales se han llevado a cabo acciones integradoras como la cooperativa de enfermos de SIDA que produce y vende miel.

Consigue, con un presupuesto mínimo, una escuela con grandes resultados

Sobre los terrenos cedidos por la comunidad en los que se levantó la escuela, “en la actualidad cubre las áreas de agricultura: plantas y animales, informática, contabilidad, mecánica general, electricidad y fontanería. Estas ramas son homologadas: El título es el oficial del gobierno. En formación no homologada, que solo reciben un certificado de la escuela: música, pintura, escultura, corte y confección, bordado, artes marciales, circo. Acuden 750 alumnos; 350 lo hacen en clases diurnas y el resto en las nocturnas”.

Angel Olaran se muestra orgulloso de que “teniendo un presupuesto mínimo los resultados son grandes. Por lo general, nuestros graduados son muy apreciados en sus puestos de trabajo. Nos llegan informes de su compromiso laboral. Nuestra escuela es visitada frecuentemente, tanto por campesinos, escuelas rurales, profesionales, como políticos del país. Este curso pasado nos visitó el Ministro de Medio Ambiente y Reforestación, acompañado por los representantes del ministerio de todas las regiones etíopes. Nos visita personal universitario nacional e internacional”.

Hablando con propiedad

El Padre Ángel Olaran, afirma que “según un informe presentado en la televisión nacional, somos una de las dos instituciones nacionales que trata el medio ambiente. Al comenzar las obra de la escuela, en un área de 8 ha había solo un árbol de secano. En la actualidad contamos con unas 40 mil plantas. Hemos sido pioneros en regadío por goteo, compostaje; árboles frutales, vegetales, cementación de acequias, recogida de basuras; pozos de agua con energía solar y molino de viento. Colaboramos en la mejora de la vida de los campesinos, facilitando el acceso al agua para uso doméstico y para el regadío; mejora de la calidad de animales domésticos; microcréditos; mejor calidad de semillas. Insistimos en agricultura ecológica”.

El misionero señala que “otro de los logros es nuestra colaboración con la Administración y diferentes servicios oficiales. Todos nuestros proyectos están diseñados e implementados en estrecha colaboración con los departamentos de bienestar social, agricultura, educación, aguas, reforestación. . .

Ayuda del gobierno con la educación

Por otra parte, el Padre Ángel Olaran ayuda a Etiopía y está orgulloso de que “ahora hay también muchos jóvenes que van a la universidad y para los alumnos con buena nota es el gobierno el que se hace cargo de la educación y la estancia, de todo, excepto de los viajes. Hay chicas que sus padres no pueden pagarles el viaje, entonces lo solucionamos desde hace unos 7 u 8 años con colaboración de la asociación de mujeres de Wukro”.

“La asociación conoce bien toda la situación de las familias y dan dinero para los jóvenes, sobre unos 20, que este año van a ir a la universidad y que no pueden costearlo sus padres. También los de bienestar social vinieron con la misma demanda, eran unos 10 los que no podían ir y también los ayudamos hasta que acabaron la universidad. Un 95% de los empleados no llegan a los 35 años, que es cuando empezó todo esto. Antes no podían acceder a la educación universitaria”.

Preguntándole sobre aquellas cosas que cambiaría en general si pudiera volver atrás, responde: “No creo que cambiaría nada, ya que hemos ido dando respuestas a las situaciones que se nos han ido presentando. La prioridad la han ido marcando esas situaciones. Lo que sí me hubiera gustado es afinar más en las motivaciones, actitudes, calidad del servicio, cercanía y atención al pobre”.

¿La pobreza?

Ángel Olaran es de esas personas que pueden presumir de tener un discurso propio. Siempre habla claro y se le entiende todo: “Para comprender la pobreza hace falta tocarla, olerla, abrazarla. Es imposible sentir ni entender lo que la pobreza profunda significa a través de programas de televisión, de fotos o artículos en los periódicos”.

“No pueden hacerse idea de todo lo que supone la extrema pobreza. Como que la vida de un hijo se te vaya de las manos porque no tienes con qué alimentarle o que tus hijos, en vez de ir a la escuela, tengan que empezar desde muy pequeños a buscar el pan por las calles”.

Lamenta que “las ayudas humanitarias solo son paliativos para los sufrimientos de quienes pagan las consecuencias de una economía mundial basada en la injusticia más radical. Y en un reparto desigual de la riqueza que hace que los ricos serán cada día más ricos y los pobres se empobrezcan todavía más. Esta desnutrición general es la consecuencia de un sistema económico injusto, incomprensible y absurdo”.

“Ayudar a quienes sobreviven en la miseria nos sirve también a nosotros porque nos hace conscientes de la injusticia, nos permite pagar parte de nuestra deuda, compartir algo con los demás y conocerlos”.

“Los pobres no son objeto de nuestra caridad, sino sujetos de una libertad”.

Angel Olaran Pobreza

Más reflexiones sobre la pobreza

Y una lamentación más contundente, si cabe: “…Ante tantas injusticias y con los millones de personas que mueren cada año debido a la pobreza, resulta inevitable preguntarse si a Dios se le ha escapado su creación de las manos”.

Cuando se habla de posibles soluciones a la pobreza, se muestra resignado y afirma que “si no se acaba con la pobreza es porque no interesa hacerlo. El hambre es un genocidio programado, tolerado. Hay que llamar a las cosas por su nombre. Y si las palabras han llegado a perder sentido, habrá que inventar un idioma nuevo”.

Ángel Olaran se resigna y le entristece explicar lo que le ocurrió: “Cuando estábamos preparando ropa que nos ha dado la gente para los huérfanos, y era ropa para la edad de 10 o 12 años, cuando se elige ropa para éstos y cuando les iba bien nos dábamos cuenta de que en la parte del cuello ponía que era ropa para 2 años… Hay mucha hambre pasiva que parece que el niño está bien, pero cuando te fijas en su cuerpo te das cuenta de que no está como debería de estar a los 10 años y muchas veces es porque la comida no es la adecuada. Esto es triste”, comenta el Padre.

No es tanto lo que se da de lo que se recibe

Lleva 45 años de ayuda al prójimo: “Yo creo que no es tanto ayudar a los demás. Es compartir, vivir con los demás. Es una relación en la que te sientes relajado porque no estás dando, no vienen a aprovecharse de ti. La persona que viene a ti solamente cuando te mira y te sonríe ya te da tanto que lo que tú puedas ofrecer no hace más que corresponder a lo que ellos te aportan”. “Lo que procuras es que haya un calor humano. Las personas que vienen a ti es porque tienen una necesidad, pero lo bonito es incluso cuando vienen y no la tienen, vienen a ver cómo estás, cómo te ha ido el día”.

La Misión Saint Mary y los voluntarios que cooperan en Wukro

Desde sus inicios, la misión de Saint Mary recibe visitas de cooperantes y viajeros que encuentran allí un lugar en la que su ayuda repercute directamente en la comunidad. “La gente que viene y conoce el proyecto crea una afinidad con este lugar. Después se preguntan ¿Qué podemos hacer? Y lo que hacen es juntarse y crear asociaciones para ayudar al proyecto”, comenta.

“Los voluntarios que vienen a Wukro, cuando vuelven siempre preguntan cómo están los niños. Eso quiere decir que se dan cuenta de lo bonito de allí es lo que ya hemos perdido aquí, que es la naturaleza, la espontaneidad, la belleza de los niños, la sonrisa, que vengan corriendo a abrazarte…”, afirma.

Reconocimiento absoluto y querido por todo el mundo

En todas sus actividades, Angel Olaran no actúa solamente como impulsor y organizador sino como un padre –o abuelo- y que ama y vela por los suyos, como así le considera la población, que cariñosamente le apoda ‘Abba Melaku’ (el Padre Ángel). “La calle es mi iglesia y las casas de la gente son mis altares”, proclama.

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El Padre Ángel Olaran ayuda a Etiopía y fue condecorado el 5 de julio de 2015 como Doctor Honoris Causa por la Univesidad de Mekelle. Mérito otorgado por su trayectoria por el desarrollo económico y rural de la zona del Tigray, al norte de Etiopía.

‘Abba Melaku’ (Padre Ángel)

También en Wukro ha tenido su reconocimiento y la calle donde está situada la Misión Saint Mary lleva el nombre de Abba Melaku. También es el nombre del galardón Reconeixement Ànima Abba Melaku para premiar una figura mundial. Algunos proyectos de medio ambiente y reforestación implementados por Ángel en el Tigray han sido premiados y son referencia en Etiopía.

Conoce los laureles, pero rehúye el alarde. Le incomodan los elogios. La inmensa labor que ha realizado durante estos 25 años en Wukro ha sido tan grande que todos los reconocimientos que puedan hacerle se quedarán pequeños. Pero desde su humildad esto no le quita el sueño sino el poder seguir viviendo muchos años más para continuar con su gran obra humanitaria, entendida como una vía para lograr justicia social.

Pasado, presente y futuro

Los proyectos que se han realizado y los que hay en marcha en Wukro son de diferente índole, y se han llevado a cabo con presupuestos muy dispares. Se han podido realizar gracias a los fondos financiados por ONGS europeas de distinto tamaño y tanto religiosas como no. El éxito ha sido la colaboración real entre las partes implicadas en los proyectos y la participación de las poblaciones destinatarias de la ayuda. Hacer sentir el proyecto como propio y, en consecuencia, ‘sostenible’. Esto ha sido vital en la transformación de Wukro.

Ángel Olaran sólo busca superar los apuros de los que sufren. Es un ejemplo de generosidad que merece toda nuestra atención y ayuda. En la misión desarrolla actividades de educación, sanidad y asistencia a los más necesitados. Ha sacado de la prostitución a cientos de niñas, ha cuidado de miles de huérfanos, atiende a los enfermos de sida y tuberculosis. Ha desarrollado un sistema de microcréditos para pequeños negocios. Además, se encarga de los programas de asistencia a los ancianos y procura buscar trabajo a los desocupados.

Recuerdos sobre Àngel Pujol

La labor del misionero cautivó a Àngel Pujol en su visita a Wukro a finales del 2005. El Padre Olaran explica sobre ‘el alma’ del CIS Ángel Olaran que “nada le pasaba desapercibido. Tenía una manera delicada de mirar a las cosas, las disfrutaba y siempre las mejoraría. Disfrutaba de cualquier trabajo bien hecho. Podía comer con las personas más influyentes y lloraba si veía un niño descalzo. Llevó siempre muy mal el no poder hablar en inglés. Una de sus metas, erradicar el hambre y la falta de escolaridad para los niños. Era una persona muy popular”. Fueron casi 10 años construyendo esperanzas de vida juntos.

Angel Olaran-Angel Pujol

Actualmente, los fondos se han reducido tanto que incluso la continuidad de algunos proyectos corre peligro. Por ello, anima a seguir realizando donaciones, porque “lo que no se da, no llega nunca al que más lo necesita”.

Sobre si llegan las aportaciones a Wukro

Ángel Olaran no entiende porqué “nos podemos preguntar si nuestra ayuda llega a destino, pero nunca nos preguntamos qué ocurre con estos 2 o 3 euros que doy de más a mi estómago, que tampoco es bueno. Eso no nos preocupa. Si en vez de comprar este vino, comprar otro vino, que sumemos euros para mi estómago, eso no nos preocupa. Pero si doy un euro de una forma social: ¿Llegará o no llegará ahí?, es cuando comienzan las preguntas, y me parece esto bochornoso. Pregúntate primero los euros que pongo en mi estómago si son necesarios. Después, ya te preguntarás si llegará mi euro, a veces mi medio euro, a su destino. Esta es una pregunta secundaria, diría yo”.

Para que Ángel Olaran pueda seguir manteniendo el actual proyecto humanitario necesita seguir contando con las ayudas externas. Pero cada vez éstas más dirigidas hacia un modelo de aprendizaje de la auto-supervivencia para que sean menos vitales. El sueño es conseguir que algún día, si puede ser no muy lejano en el tiempo, no sean imprescindibles.

Desde el CIS Ángel Olaran le damos su apoyo en parte gracias a las ayudas de nuestros socios.

Preocupación y objetivos comunes

El objetivo del CIS Ángel Olaran es poner todo de nuestra parte para ayudar al Padre Olaran a salvaguardar a los más vulnerables de Wukro. Ello gracias a las subvenciones institucionales, a las aportaciones de los socios o donantes. También gracias a los fondos recaudados por la fundación en las diferentes actividades que se realizan de apoyo al misionero.

“Mi preocupación personal es la necesidad de conseguir 40.000 € anuales para el mantenimiento de la escuela. Y otros 130.000 € para el mantenimiento de los 650 huérfanos, ancianos, y personas afectadas por el SIDA”.

Tras una vida dedicada a la cooperación en África no se plantea volver y asegura que “mi futuro está en Wukro. Cada día hay cosas por hacer o gente que requiere mi atención”.

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Sequía y accesibilidad al agua

El agua se ha convertido en una especie de obsesión para Ángel y no es de extrañar, tras vivir de cerca la crudeza de las sucesivas sequías sufridas. Podemos recordar su llamamiento por la sequía en Kelte Awelaelo.

Los proyectos hidrológicos y aquellos relacionados con la agricultura y la biodiversidad están siempre encima de la mesa para no perder ni una gota y alcanzar la seguridad alimentaria. Una tarea nada fácil, porque los problemas siguen ahí. “Todavía queda mucho por hacer en las zonas rurales en las que las familias sobreviven del campo. No hay que olvidar que más del 85% de la población etíope vive en zonas rurales. El objetivo es conseguir que estas familias tengan tres cosechas al año almacenando el agua de la lluvia en embalses y pozos, construyendo canales e interviniendo en los torrentes”.

Reflexiones acerca del mundo en el que vivimos

Ángel Olaran considera que en los países ricos se ha entrado en una espiral de consumismo y de necesidades superfluas. “La sociedad del Primer Mundo es víctima de su propio desarrollo porque le está llevando a un individualismo brutal. Interesa vivir en la ignorancia. Para vivir todos al ritmo del Primer Mundo, harían falta tres planetas que produzcan toda la materia prima necesaria”.

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Por el contrario, opina que “la gente de África está acostumbrada a no tener, no tienen tantas ambiciones materiales. Tienen un gran apoyo familiar, estructuras comunitarias de base fuerte y un mayor sentido de la solidaridad”. Ha podido llegar a las personas, “he podido descubrir los valores humanos de las gentes. Las casas, por ejemplo, pueden ser muy humildes y pobres, pero en realidad constituyen unos museos de dignidad”.

Contundente al afirmar que “la crisis que aquí merma el trabajo, allí (Etiopía) crea muerte, sin embargo no se percibe por ello más tristeza”.

Agradecimiento por la lectura sobre Angel Olaran

Muchas gracias por tu interés en conocer los hechos del misionero Angel Olaran en el norte de Etiopía. Si deseas leer más información puedes leer nuestro libro: ¿Qué podemos hacer?.

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Muchas gracias!!

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